A mediados de julio de 2009 una chica de Corea del Sur golpea la puerta de nuestra casa.
Llevaba 6 meses fuera de la suya, y venía de Estados Unidos. No le renovaron el visado allí y decidió venir a Irlanda. Estaba interesada en ver la habitación que estaba justo encima de la mía.
Jamás olvidaré su primera imagen: vestidito muy mono, con medias negras haciendo juego, zapatitos de último modelo, perfectamente maquillada y peinada, y un sombrerito de última moda... Todo muy chic.
Estuvo visitando la casa una media hora, y evidentemente, vino la entrevista de rigor. Parecía una persona normal... Por aquel entonces ella estaba viviendo en una residencia de estudiantes dublinesa, y se le terminaba el alquiler en unas semanas... No disponía de mucho tiempo.
El "flechazo" fue automático. No tenía nada que ver con mi forma de ser: yo paso de la moda y de las tendencias. Sin embargo, a mí, esa chica, me encantó como compañera de piso... Y a Peter también.
No la conocíamos de nada, pero nos gustó a los dos...
Y ahora pienso: qué es lo que hace que una persona nos guste a la primera?, y no me refiero al flechazo romántico, sino a que esa persona nos caiga bien... La manera de hablar?, la manera de expresarse gestualmente?, la mirada?, la voz?, la intuición?... no sé qué será, pero últimamente estoy pensando en ello... en cómo las personas conectamos entre sí: cómo elegimos amigos, pareja... y porqué rechazamos a determinadas personas, simplemente porque no nos caigan bien y muchas veces no sabemos ni el porqué...
Y quizás, lo más importante: la imagen que reflejamos sobre los demás, qué es lo que hace que las demás personas nos elijan para estar a su lado... Seguramente transmitamos, de manera totalmente inconsciente, nuestro estado de ánimo y personalidad a los que nos rodean...
La coreana se marchó aquella tarde de nuestra casa. Una hora después llamó y dijo que se quedaba con la habitación. Su nombre era Juyeon...
Irlanda. 2009.
miércoles, 20 de junio de 2012
jueves, 14 de junio de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XXVI)
Yo llevaba en Dublin unas 2 ó 3 semanas, cuando mi compañero Peter me dice que tenemos que buscar a 2 compañeros más para la casa, ya que de las 4 habitaciones 2 se encontraban vacías.
Al igual que hizo conmigo, colgó un anuncio en Internet. Cada 3 ó 4 días venía alguien a visitarnos.
Para Peter era muy importante conocer a la persona que venía, por eso teníamos que hacerles una entrevista.
El primer candidato no recuerdo de qué país era, pero era africano. Ni bien le abro la puerta, el joven me desnuda con la mirada. Incluso cuando me saluda siento que se acerca hacia mí mas de la cuenta...
Llamo a Peter para que baje y enseñarle la casa. Mientras Peter le hablaba, el chico no dejaba de mirarme. Evidentemente, yo utilizaba la vieja técnica femenina de "no me doy cuenta que me estás mirando..." y me hacía la tonta...
Al chico no se le entendía muy bien cuando hablaba. En algunas ocasión, incluso se enfadó porque no le habíamos comprendido del todo lo que nos había dicho.
Le enseñamos la casa, y no mostró demasiado interés, ya que el precio le habrá parecido caro...
Sentados los 3 en el sofá y charlando, las miradas se hacen evidentes, incluso Peter, que era bastante despistado se dió cuenta.Cuando decide marcharse, nos despedimos de él y se fue.
La sensación que nos dejó no fue nada buena, tanto a Peter como a mí.
Desde un primer momento Peter se negó a tenerlo en casa. Me dijo que no quería problemas, que dado el comportamiento que había tenido el chico no se fiaba de él. Y yo, evidentemente, me negaba a tener que ducharme echando el pestillo o cerrando con llave mi habitación cada noche antes de irme a dormir.Peter estuvo de acuerdo conmigo.
El segundo candidato se presentó a los pocos días. Era de Europa del Este. Le enseñamos la casa y hablamos un poco con él. Tuvo una actitud parecida al anterior, pero este fue un poco más lejos, en un momento de descuido, y estando la puerta de mi habitación cerrada, se mete dentro. Peter, alucinado, le dice que no puede entrar en mi habitación sin permiso!. Otro candidato que quedó descartado de inmediato por ser raro...
Otro día vino un chico chino. Peter lo subió a la planta superior para enseñarle la habitación. El chico le dijo que la habitación era horrible y que no le interesaba. Casi sin mediar palabra se fue, dejando a Peter con la palabra en la boca y cerrándole la puerta en las narices.
En otra ocasión, vino un chico de Polonia. Vió la casa y pareció bastante interesado, pero nunca llamó.
Creo que en alguna ocasión también vino una chica polaca, pero no lo recuerdo con exactitud. Tampoco le gustó la casa.
Era habitual que mucha gente llamase cerrando día y hora para venir a ver el chalet, y no aparecían...
En cualquier caso, Peter me decía que había que llenarse de paciencia, que él llevaba unos 2 años viviendo en esa casa y que había pasado mucha gente de todo tipo. Él quería estar tranquilo, sin gente rara ni malos rollos de por medio. De ahí su enorme interés en hacer la entrevista. Y yo estuve de acuerdo con él...
Parte del salón de la casa de Dublin.
Al igual que hizo conmigo, colgó un anuncio en Internet. Cada 3 ó 4 días venía alguien a visitarnos.
Para Peter era muy importante conocer a la persona que venía, por eso teníamos que hacerles una entrevista.
El primer candidato no recuerdo de qué país era, pero era africano. Ni bien le abro la puerta, el joven me desnuda con la mirada. Incluso cuando me saluda siento que se acerca hacia mí mas de la cuenta...
Llamo a Peter para que baje y enseñarle la casa. Mientras Peter le hablaba, el chico no dejaba de mirarme. Evidentemente, yo utilizaba la vieja técnica femenina de "no me doy cuenta que me estás mirando..." y me hacía la tonta...
Al chico no se le entendía muy bien cuando hablaba. En algunas ocasión, incluso se enfadó porque no le habíamos comprendido del todo lo que nos había dicho.
Le enseñamos la casa, y no mostró demasiado interés, ya que el precio le habrá parecido caro...
Sentados los 3 en el sofá y charlando, las miradas se hacen evidentes, incluso Peter, que era bastante despistado se dió cuenta.Cuando decide marcharse, nos despedimos de él y se fue.
La sensación que nos dejó no fue nada buena, tanto a Peter como a mí.
Desde un primer momento Peter se negó a tenerlo en casa. Me dijo que no quería problemas, que dado el comportamiento que había tenido el chico no se fiaba de él. Y yo, evidentemente, me negaba a tener que ducharme echando el pestillo o cerrando con llave mi habitación cada noche antes de irme a dormir.Peter estuvo de acuerdo conmigo.
El segundo candidato se presentó a los pocos días. Era de Europa del Este. Le enseñamos la casa y hablamos un poco con él. Tuvo una actitud parecida al anterior, pero este fue un poco más lejos, en un momento de descuido, y estando la puerta de mi habitación cerrada, se mete dentro. Peter, alucinado, le dice que no puede entrar en mi habitación sin permiso!. Otro candidato que quedó descartado de inmediato por ser raro...
Otro día vino un chico chino. Peter lo subió a la planta superior para enseñarle la habitación. El chico le dijo que la habitación era horrible y que no le interesaba. Casi sin mediar palabra se fue, dejando a Peter con la palabra en la boca y cerrándole la puerta en las narices.
En otra ocasión, vino un chico de Polonia. Vió la casa y pareció bastante interesado, pero nunca llamó.
Creo que en alguna ocasión también vino una chica polaca, pero no lo recuerdo con exactitud. Tampoco le gustó la casa.
Era habitual que mucha gente llamase cerrando día y hora para venir a ver el chalet, y no aparecían...
En cualquier caso, Peter me decía que había que llenarse de paciencia, que él llevaba unos 2 años viviendo en esa casa y que había pasado mucha gente de todo tipo. Él quería estar tranquilo, sin gente rara ni malos rollos de por medio. De ahí su enorme interés en hacer la entrevista. Y yo estuve de acuerdo con él...
Parte del salón de la casa de Dublin.
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lunes, 4 de junio de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XXV)
Hoy será un post muy especial para mí. Lo escribo nada más ni nada menos que desde tierras alemanas!. He llegado hoy, y aunque estoy bastante cansada, estoy contenta.
No estoy en absoluto en ninguna ciudad conocido, más bien es un pueblo pequeño, perdido en la inmensidad de Alemania. Qué cómo llegué hasta aquí?, bueno... es una larga historia, y desde luego si hace un mes me lo hubieran contado no me lo hubiera creído. Y pensé sobre ello. Sobre cómo nos cambia la vida en cuestión de semanas, o de días, incluso, en minutos o segundos.
Cuando vivía en Irlanda, muchas veces pensaba en ello: cómo he llegado hasta aquí?, qué hago viviendo con un polaco?, qué hago dejándolo todo y volver a mi vida de estudiante?... En Dublin yo tenía mucho tiempo para pensar, e intentaba encajar lo que habían sido para mí los meses anteriores.
Efectivamente, yo no era feliz. Tenía un trabajo envidiado por muchos, menos por mí. Tenía coche de empresa con todos los gastos pagados, un buen sueldo, teléfono a mi disposición, portátil con conexión a Internet en todo el planeta, un puesto deseado por muchos... y eso que, por aquel entonces, yo no había cumplido ni los 30 años todavía... Pero era infeliz.
Estar en Dublin, me permitía valorar lo poco que tenía, y que me aportaba realmente mucho a nivel personal. Estaba viviendo una experiencia, que quizás, no vuelva a repetirse nunca.
Valoraba la independencia de no vivir en casa de mis padres, de conocer una cultura diferente a la mía, una lengua muy distinta... pero también, el estar lejos de casa, la soledad, la falta de amigos... se entrelazaba en aquel guiso de sensaciones positivas. Una mezcla entre lo bueno y lo malo que te hace ver las cosas tal como son, sin adornos ni florituras...
Muchas noches, cuando salía a sacar la basura, me sentaba en el escalón de entrada a mi casa, y observaba las casas de los vecinos, pensaba y meditaba sobre mi vida, lo que había sido y lo que era en ese momento... Muchos cambios, muchas experiencias tristes y alegres en poco tiempo, un cúmulo de sensaciones difíciles de describir.
Aquellas noches de soledad, sentada en el escalón de entrada de mi casa, con la única compañía de mi pijama y mis zapatos de andar por casa, me hicieron ver, que aunque estaba sola y no tenía amigos allí, y aunque todo lo que me rodeaba era desconocido para mí, yo tenía ganas de vivir la experiencia, porque estaba en Dublin y era el presente lo que importaba...
Entrada de mi casa en Dublin, donde pasé muchas noches de reflexión... :)
No estoy en absoluto en ninguna ciudad conocido, más bien es un pueblo pequeño, perdido en la inmensidad de Alemania. Qué cómo llegué hasta aquí?, bueno... es una larga historia, y desde luego si hace un mes me lo hubieran contado no me lo hubiera creído. Y pensé sobre ello. Sobre cómo nos cambia la vida en cuestión de semanas, o de días, incluso, en minutos o segundos.
Cuando vivía en Irlanda, muchas veces pensaba en ello: cómo he llegado hasta aquí?, qué hago viviendo con un polaco?, qué hago dejándolo todo y volver a mi vida de estudiante?... En Dublin yo tenía mucho tiempo para pensar, e intentaba encajar lo que habían sido para mí los meses anteriores.
Efectivamente, yo no era feliz. Tenía un trabajo envidiado por muchos, menos por mí. Tenía coche de empresa con todos los gastos pagados, un buen sueldo, teléfono a mi disposición, portátil con conexión a Internet en todo el planeta, un puesto deseado por muchos... y eso que, por aquel entonces, yo no había cumplido ni los 30 años todavía... Pero era infeliz.
Estar en Dublin, me permitía valorar lo poco que tenía, y que me aportaba realmente mucho a nivel personal. Estaba viviendo una experiencia, que quizás, no vuelva a repetirse nunca.
Valoraba la independencia de no vivir en casa de mis padres, de conocer una cultura diferente a la mía, una lengua muy distinta... pero también, el estar lejos de casa, la soledad, la falta de amigos... se entrelazaba en aquel guiso de sensaciones positivas. Una mezcla entre lo bueno y lo malo que te hace ver las cosas tal como son, sin adornos ni florituras...
Muchas noches, cuando salía a sacar la basura, me sentaba en el escalón de entrada a mi casa, y observaba las casas de los vecinos, pensaba y meditaba sobre mi vida, lo que había sido y lo que era en ese momento... Muchos cambios, muchas experiencias tristes y alegres en poco tiempo, un cúmulo de sensaciones difíciles de describir.
Aquellas noches de soledad, sentada en el escalón de entrada de mi casa, con la única compañía de mi pijama y mis zapatos de andar por casa, me hicieron ver, que aunque estaba sola y no tenía amigos allí, y aunque todo lo que me rodeaba era desconocido para mí, yo tenía ganas de vivir la experiencia, porque estaba en Dublin y era el presente lo que importaba...
Entrada de mi casa en Dublin, donde pasé muchas noches de reflexión... :)
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martes, 29 de mayo de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XIV)
Y llegó la buena noticia: desde España me confirmaba mi mejor amiga, es decir, Mari Carmen, que el primer fin de semana de agosto venía a visitarme.
Las visitas, en la mayoría de los casos, son bien recibidas. Cuando uno está en el extranjero y solo, lo son aún más...
No sólo porque te apetece ver a esa persona a la que tanto aprecio le tienes, sino que además, es una manera de compartir lo que estás viviendo, algo, que hasta la fecha, lo había hecho totalmente sola.
Sólo iba a ser un fin de semana, a primeros de agosto, pero yo valoré mucho su esfuerzo (a nivel personal y económico).
Faltaban como unas 3 semanas para que viniese y yo no dejaba de pensar en los sitios donde la llevaría: el Café Bell, Trinity College, Stephen Green Garden... Pero tampoco quería agobiarla, es decir, que ella llegase y yo la manejase como un títere de aquí para allá, disponiendo de su tiempo como si fuera el mío...
Cuando uno vive solo, lejos de casa, tiende a acamparar a la persona que viene a visitarlo a uno, aunque por otro lado, es normal que esto suceda...
Por otro lado, yo ya había decidido que seguiría trabajando para Thomas. Es cierto, él no podía moverse, ni levantarse de la cama, ni correr, ni hablar... pero también era igual de cierto que él no era plenamente consciente de su situación. Me di cuenta, que él no se planteaba si era feliz o no, si su vida era maravillosa o no, si tenía amigos o no, él simplemente vivía el momento, y disfrutaba de las visitas en casa, del amor que sus padres sentían hacia él.
Quizás yo, yendo unas 2 ó 3 veces por semana, eran suficientes para que él fuese feliz, para que se riera un rato, para que se sintiera acompañado, porque al fin y al cabo, lo que a él más le interesaba era el momento, el aquí y ahora. Y nada más.
Mimo en Grafton St. Dublin.
Las visitas, en la mayoría de los casos, son bien recibidas. Cuando uno está en el extranjero y solo, lo son aún más...
No sólo porque te apetece ver a esa persona a la que tanto aprecio le tienes, sino que además, es una manera de compartir lo que estás viviendo, algo, que hasta la fecha, lo había hecho totalmente sola.
Sólo iba a ser un fin de semana, a primeros de agosto, pero yo valoré mucho su esfuerzo (a nivel personal y económico).
Faltaban como unas 3 semanas para que viniese y yo no dejaba de pensar en los sitios donde la llevaría: el Café Bell, Trinity College, Stephen Green Garden... Pero tampoco quería agobiarla, es decir, que ella llegase y yo la manejase como un títere de aquí para allá, disponiendo de su tiempo como si fuera el mío...
Cuando uno vive solo, lejos de casa, tiende a acamparar a la persona que viene a visitarlo a uno, aunque por otro lado, es normal que esto suceda...
Por otro lado, yo ya había decidido que seguiría trabajando para Thomas. Es cierto, él no podía moverse, ni levantarse de la cama, ni correr, ni hablar... pero también era igual de cierto que él no era plenamente consciente de su situación. Me di cuenta, que él no se planteaba si era feliz o no, si su vida era maravillosa o no, si tenía amigos o no, él simplemente vivía el momento, y disfrutaba de las visitas en casa, del amor que sus padres sentían hacia él.
Quizás yo, yendo unas 2 ó 3 veces por semana, eran suficientes para que él fuese feliz, para que se riera un rato, para que se sintiera acompañado, porque al fin y al cabo, lo que a él más le interesaba era el momento, el aquí y ahora. Y nada más.
Mimo en Grafton St. Dublin.
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jueves, 24 de mayo de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XXIII)
Y llegó la mala noticia: desde España me confirmaban que había suspendido mi exámen de francés... Por suerte no las 4 partes de las que constaba la totalidad del examen, pero si dos de ellas.
De alguna manera eso trastocaba mis planes. Por aquel entonces, yo estaba cursando tercer curso en la escuela oficial de idiomas. Segundo lo había hecho 4 veces, si, has leído bien, 4 veces... es que le había tomado cariño a aquel curso... y no quería verme en la misma situación con tercero.
Tenía que presentarme en septiembre para recuperar el "écoute" y la comprensión lectora. Lo que me obligaba a un viaje relámpago a España, con el que no había contado en un principio, para poder presentarme al examen, pero además, me obligaba a estudiar francés en Irlanda... una auténtica locura!. Pero tenía que hacerlo!. Solo llevaba 2 semanas en Irlanda...
Para no mezclar los 2 idiomas, me levantaba temprano por la mañana, en torno a las 8:30 hs. de la mañana para estudiar francés, y después me iba a la escuela a estudiar inglés.
Justo en la calle del mercado de la fruta y la verdura, había un centro comercial, dentro de él había una biblioteca enorme, subiendo unas escaleras, en la que podías estudiar otros idiomas. Tenían una sala exclusiva con ordenadores, y podías reservalos durante una hora para utilizarlos con CDs de idiomas al estilo "Talk to me" o similares. Además, determinados días a la semana habilitaban una sala para intercambios de idiomas con otras personas... Fue un gran descubrimiento para mí!. Además de poder estudiar podría practicar francés en vivo y en directo!. Y de paso, también el inglés!.
Solo hay que darse de alta en la zona de información. Jamás olvidaré aquel día en el que pedí mi carnet de la biblioteca. El hombre de la recepción me pregunta mi nombre y mi apellido. Me pregunta la nacionalidad, y le digo que soy italiana, me pregunta dónde he nacido, le digo que en Argentina. En ese momento ya me miró extrañado. Me pregunta dónde vivo, le indico que mi residencia habitual está en España, pero que temporalmente estoy residiendo en Dublin. En ese momento esbozó una sonrisa de sorpresa.
Por último, me señala que mi apellido parece vasco, a lo que le contesto: "no señor, mi apellido es austríaco...". Directamente largó una carcajada y me preguntó si le estaba tomando el pelo, a lo que amablemente le respondí que no, que todo lo que le había contado era cierto. Es que soy una persona de mundo...
Puesto de flores en Grafton St. Dublin, Irlanda.
De alguna manera eso trastocaba mis planes. Por aquel entonces, yo estaba cursando tercer curso en la escuela oficial de idiomas. Segundo lo había hecho 4 veces, si, has leído bien, 4 veces... es que le había tomado cariño a aquel curso... y no quería verme en la misma situación con tercero.
Tenía que presentarme en septiembre para recuperar el "écoute" y la comprensión lectora. Lo que me obligaba a un viaje relámpago a España, con el que no había contado en un principio, para poder presentarme al examen, pero además, me obligaba a estudiar francés en Irlanda... una auténtica locura!. Pero tenía que hacerlo!. Solo llevaba 2 semanas en Irlanda...
Para no mezclar los 2 idiomas, me levantaba temprano por la mañana, en torno a las 8:30 hs. de la mañana para estudiar francés, y después me iba a la escuela a estudiar inglés.
Justo en la calle del mercado de la fruta y la verdura, había un centro comercial, dentro de él había una biblioteca enorme, subiendo unas escaleras, en la que podías estudiar otros idiomas. Tenían una sala exclusiva con ordenadores, y podías reservalos durante una hora para utilizarlos con CDs de idiomas al estilo "Talk to me" o similares. Además, determinados días a la semana habilitaban una sala para intercambios de idiomas con otras personas... Fue un gran descubrimiento para mí!. Además de poder estudiar podría practicar francés en vivo y en directo!. Y de paso, también el inglés!.
Solo hay que darse de alta en la zona de información. Jamás olvidaré aquel día en el que pedí mi carnet de la biblioteca. El hombre de la recepción me pregunta mi nombre y mi apellido. Me pregunta la nacionalidad, y le digo que soy italiana, me pregunta dónde he nacido, le digo que en Argentina. En ese momento ya me miró extrañado. Me pregunta dónde vivo, le indico que mi residencia habitual está en España, pero que temporalmente estoy residiendo en Dublin. En ese momento esbozó una sonrisa de sorpresa.
Por último, me señala que mi apellido parece vasco, a lo que le contesto: "no señor, mi apellido es austríaco...". Directamente largó una carcajada y me preguntó si le estaba tomando el pelo, a lo que amablemente le respondí que no, que todo lo que le había contado era cierto. Es que soy una persona de mundo...
Puesto de flores en Grafton St. Dublin, Irlanda.
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viernes, 18 de mayo de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XXII)
Thomas. Así se llamaba el niño que tenía que cuidar.
Ya había acordado el precio de mi hora con la madre (era una miseria, pero bueno, ayudaba a mi economía...). Iría por las tardes, unas 2 ó 3 veces por semana, en función de las veces que me necesitase, y unas 3 ó 4 horas cada día.
Mi trabajo era cuidar del niño y hacer algunas labores domésticas sencillas.
La casa se encontraba a las afueras de Dublin. Tuve que empollarme bien el mapa antes de ir para no perderme, y hablar con el conductor para que me avisara en donde bajarme, ya que por esa zona las calles suelen ser iguales y es fácil perderse...
Cuando llego al lugar, no consigo ubicarme muy bien, qué le vamos a hacer... soy mujer y no interpreto mapas...
Tengo que enviar un sms a la madre para que me explique como llegar. Por suerte me respondió, y después de estar media dando vueltas por el barrio consigo encontrar la casa...
Describiré la situación. La casa tenía un jardín delantero enorme!, como casi todas las casas irlandesas. Cuando toqué el timbre me atiende la madre, una mujer muy amable y simpática que no duda en hacerme pasar al interior.
La familia constaba de 5 miembros: la madre, el padre y 3 hijos: una niña mayor que Thomas, Thomas y otra niña menor que él. Además, tenían un perro que no dejaba de gruñirme siempre que tenía la oportunidad, y varios conejos que tenían en el enoooooooooooooorme jardín del fondo, cuyo tamaño equivaldría a unas 2 ó 3 pistas de tenis... Allí tenían los juegos de los niños.
La casa tenía dos plantas, y habitaciones por todos lados. La planta de arriba nunca llegué a conocerla.
Según iba caminando, me iba tropezando con ropa, zapatos, toallas, balones, muñecas, juegos de mesa, peluches de grandes dimensiones... en mi vida había visto una casa tan desordenada. Las cosas estaban por todos lados: en el pasillo, en las habitaciones, la cocina, el cuarto de baño... Podías encontrarte las cosas más inverosímiles en los lugares más insospechados...
Cierto es, que yo me he criado en una casa tremendamente ordenada y limpia. Quizás demasiado...
La madre, que hacía un esfuerzo sobrehumano para que yo pudiese entenderle, me dice que me va a presentar a su hijo.
Abre dos puertas dobles de par en par, la habitación era enorme, con suelo de madera y un ventanal gigantesco a la derecha.
En el fondo una cama ortopédica, y en su interior, Thomas.
El "niño", tenía 15 años..., y la pequeña minusvalía de la que me había hablado su madre por email, era una minusvalía motora que no le permitía moverse con normalidad y agarrar objetos con las manos, y que le obligaba a estar o en una silla de ruedas o en una cama, ya que tenía los músculos paralizados.
También era una minusvalía psíquica, que no le permitía hablar, únicamente emitía sonidos, había que darle de comer con cuidado, ya que podía ahogarse, y esa misma minusvalía, había sumido al pobre Thomas en una perpetua infancia, ya que se había quedado paralizado, psíquicamente hablando, en los 2 años.
Es decir, era un adolescente de 15 años, metido en la mente de un niño de 2...
Cuando lo vi, me quedé parada, no dije nada. Era obvio que la familia había aprendido a vivir con un miembro con discapacidad severa, y lo llevaban con normalidad. Yo nunca había trabajado con alguien con una minusvalía a ese nivel. Y pensé: quién iba a ser yo para poner el punto sobre la "i" y hacer notar la minusvalía de Thomas?... Si ellos actúan con normalidad, yo haré lo mismo. Asique esbocé una sonrisa al ver a Thomas, y él, con la gracia de un niño, hizo lo mismo.
La madre, sin muchos preámbulos, me dijo que limpiara un poco el salón. Era tal el desorden, que no sabía por donde empezar... saco el polvo de los muebles, intento sacarles un poco de brillo con el "Pronto", y paso la aspiradora.
La madre me dice que cuide de Thomas, mientras ella se pone a hacer los deberes con las hijas. Lo único que debo hacer es leerle cuentos, hablarle, y jugar con sus juguetes, ya que él no puede coger ninguno. Y fue lo que hice: intentar estimular sus sentidos, a través de mis palabras, de las imágenes de los libros... fue una auténtica delicia ver cómo él me entendía cuando le hablaba. Se reía, chillaba como un niño y agitaba las manos de contento, al ver que yo le prestaba atención y que jugaba con él.
Él se comunicaba conmigo a través de la mirada y de los gestos que hacía con la cara. Yo no le entendía. Cuando terminé, la madre me pagó según lo acordado. Me marché saludándola y arreglando para volver en unos 2 ó 3 días.
Cuando cerré la puerta, en la acera de enfrente, pasan dos chicos de una edad aproximada a la de Thomas. Reían, y comentarían cosas de adolescentes propias de su edad, supongo. A mí se me caían las lágrimas de tristeza pensando que la vida había sido muy injusta con Thomas, él nunca podrá hacer esas cosas, no podrá ir al cine con una chica, enamorarse, jugar el fútbol... como los demás chicos de su edad, el futuro que le esperaba era una cama ortopédica, cuentos infantiles y una habitación con un enorme ventanal.
Me quedé parada, delante de la puerta de la casa, observando a esos chicos, llorando de rabia y de impotencia por los dados tan malos que le habían tocado jugar en esta vida a Thomas.
Dudé si podría seguir yendo a trabajar a aquella casa, no puedo con este tipo de situaciones dolorosas. Cogí el autobus de vuelta a casa, analizando e interiorizando lo que había significado ese día para mí, y quizás, también, para Thomas...
The Dubliners, el grupo favorito de Thomas...
Ya había acordado el precio de mi hora con la madre (era una miseria, pero bueno, ayudaba a mi economía...). Iría por las tardes, unas 2 ó 3 veces por semana, en función de las veces que me necesitase, y unas 3 ó 4 horas cada día.
Mi trabajo era cuidar del niño y hacer algunas labores domésticas sencillas.
La casa se encontraba a las afueras de Dublin. Tuve que empollarme bien el mapa antes de ir para no perderme, y hablar con el conductor para que me avisara en donde bajarme, ya que por esa zona las calles suelen ser iguales y es fácil perderse...
Cuando llego al lugar, no consigo ubicarme muy bien, qué le vamos a hacer... soy mujer y no interpreto mapas...
Tengo que enviar un sms a la madre para que me explique como llegar. Por suerte me respondió, y después de estar media dando vueltas por el barrio consigo encontrar la casa...
Describiré la situación. La casa tenía un jardín delantero enorme!, como casi todas las casas irlandesas. Cuando toqué el timbre me atiende la madre, una mujer muy amable y simpática que no duda en hacerme pasar al interior.
La familia constaba de 5 miembros: la madre, el padre y 3 hijos: una niña mayor que Thomas, Thomas y otra niña menor que él. Además, tenían un perro que no dejaba de gruñirme siempre que tenía la oportunidad, y varios conejos que tenían en el enoooooooooooooorme jardín del fondo, cuyo tamaño equivaldría a unas 2 ó 3 pistas de tenis... Allí tenían los juegos de los niños.
La casa tenía dos plantas, y habitaciones por todos lados. La planta de arriba nunca llegué a conocerla.
Según iba caminando, me iba tropezando con ropa, zapatos, toallas, balones, muñecas, juegos de mesa, peluches de grandes dimensiones... en mi vida había visto una casa tan desordenada. Las cosas estaban por todos lados: en el pasillo, en las habitaciones, la cocina, el cuarto de baño... Podías encontrarte las cosas más inverosímiles en los lugares más insospechados...
Cierto es, que yo me he criado en una casa tremendamente ordenada y limpia. Quizás demasiado...
La madre, que hacía un esfuerzo sobrehumano para que yo pudiese entenderle, me dice que me va a presentar a su hijo.
Abre dos puertas dobles de par en par, la habitación era enorme, con suelo de madera y un ventanal gigantesco a la derecha.
En el fondo una cama ortopédica, y en su interior, Thomas.
El "niño", tenía 15 años..., y la pequeña minusvalía de la que me había hablado su madre por email, era una minusvalía motora que no le permitía moverse con normalidad y agarrar objetos con las manos, y que le obligaba a estar o en una silla de ruedas o en una cama, ya que tenía los músculos paralizados.
También era una minusvalía psíquica, que no le permitía hablar, únicamente emitía sonidos, había que darle de comer con cuidado, ya que podía ahogarse, y esa misma minusvalía, había sumido al pobre Thomas en una perpetua infancia, ya que se había quedado paralizado, psíquicamente hablando, en los 2 años.
Es decir, era un adolescente de 15 años, metido en la mente de un niño de 2...
Cuando lo vi, me quedé parada, no dije nada. Era obvio que la familia había aprendido a vivir con un miembro con discapacidad severa, y lo llevaban con normalidad. Yo nunca había trabajado con alguien con una minusvalía a ese nivel. Y pensé: quién iba a ser yo para poner el punto sobre la "i" y hacer notar la minusvalía de Thomas?... Si ellos actúan con normalidad, yo haré lo mismo. Asique esbocé una sonrisa al ver a Thomas, y él, con la gracia de un niño, hizo lo mismo.
La madre, sin muchos preámbulos, me dijo que limpiara un poco el salón. Era tal el desorden, que no sabía por donde empezar... saco el polvo de los muebles, intento sacarles un poco de brillo con el "Pronto", y paso la aspiradora.
La madre me dice que cuide de Thomas, mientras ella se pone a hacer los deberes con las hijas. Lo único que debo hacer es leerle cuentos, hablarle, y jugar con sus juguetes, ya que él no puede coger ninguno. Y fue lo que hice: intentar estimular sus sentidos, a través de mis palabras, de las imágenes de los libros... fue una auténtica delicia ver cómo él me entendía cuando le hablaba. Se reía, chillaba como un niño y agitaba las manos de contento, al ver que yo le prestaba atención y que jugaba con él.
Él se comunicaba conmigo a través de la mirada y de los gestos que hacía con la cara. Yo no le entendía. Cuando terminé, la madre me pagó según lo acordado. Me marché saludándola y arreglando para volver en unos 2 ó 3 días.
Cuando cerré la puerta, en la acera de enfrente, pasan dos chicos de una edad aproximada a la de Thomas. Reían, y comentarían cosas de adolescentes propias de su edad, supongo. A mí se me caían las lágrimas de tristeza pensando que la vida había sido muy injusta con Thomas, él nunca podrá hacer esas cosas, no podrá ir al cine con una chica, enamorarse, jugar el fútbol... como los demás chicos de su edad, el futuro que le esperaba era una cama ortopédica, cuentos infantiles y una habitación con un enorme ventanal.
Me quedé parada, delante de la puerta de la casa, observando a esos chicos, llorando de rabia y de impotencia por los dados tan malos que le habían tocado jugar en esta vida a Thomas.
Dudé si podría seguir yendo a trabajar a aquella casa, no puedo con este tipo de situaciones dolorosas. Cogí el autobus de vuelta a casa, analizando e interiorizando lo que había significado ese día para mí, y quizás, también, para Thomas...
The Dubliners, el grupo favorito de Thomas...
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martes, 15 de mayo de 2012
Vivir en solitario: Dublin (XXI)
Cuando llevaba aproximadamente unas 2 ó 3 semanas, mi vida giraba en torno a las clases de inglés, mi ansiada y recién estrenada independencia y adaptarme a la nueva ciudad que me acababa de alojar.
Sin embargo, sentía que mi vida de estudiante no era suficiente para mí, se me quedaba pequeña. Mi vida de estudiante se había terminado hacía unos 4 ó 5 años, y verme nuevamente en esa situación, era como volver atrás. Llevaba años dentro del mercado laboral, y si bien nunca había dejado de estudiar, también es cierto que siempre lo había compaginado con el trabajo.
Decidí que lo mejor era buscar un trabajo. Pero claro, yo tenía enormes limitaciones con el idioma. Generalmente, como suele suceder en la mayor parte de los países, cuando uno es extranjero y además tiene el añadido de no dominar el idioma local, los trabajos a los que se puede acceder son: camarero, atención en un "take away", canguro, obras... quitando el último, todos me exigían una gran dominio del inglés.
Decidí que lo mejor sería buscar un trabajo para cuidar niños. Yo ya tenía experiencia, había cuidado niños durante el verano mientras estaba en la universidad.
Accedí a la web: http://www.easyaupair.com/register/ . Me di de alta y colgué un anuncio ofreciendo mis servicios. Contactaron conmigo unas 3 ó 4 personas. La mayoría me ofrecían ser interna, si bien me ahorraría el alquiler, perdería libertad. Asique tuve que rechazarlos. Para mí era muy importante el poder tener toda la libertad, acababa de independizarme y necesitaba tener mi vida, mi espacio...
Yo buscaba trabajar unas horas al día, a ser posible por la tarde.
Un día contactó conmigo una señora, que era madre de 3 hijos. Buscaba a alguien que cuidara a su hijo unas horas por la tarde. Perfecto para mí!...
Parque en Dublin.
Sin embargo, sentía que mi vida de estudiante no era suficiente para mí, se me quedaba pequeña. Mi vida de estudiante se había terminado hacía unos 4 ó 5 años, y verme nuevamente en esa situación, era como volver atrás. Llevaba años dentro del mercado laboral, y si bien nunca había dejado de estudiar, también es cierto que siempre lo había compaginado con el trabajo.
Decidí que lo mejor era buscar un trabajo. Pero claro, yo tenía enormes limitaciones con el idioma. Generalmente, como suele suceder en la mayor parte de los países, cuando uno es extranjero y además tiene el añadido de no dominar el idioma local, los trabajos a los que se puede acceder son: camarero, atención en un "take away", canguro, obras... quitando el último, todos me exigían una gran dominio del inglés.
Decidí que lo mejor sería buscar un trabajo para cuidar niños. Yo ya tenía experiencia, había cuidado niños durante el verano mientras estaba en la universidad.
Accedí a la web: http://www.easyaupair.com/register/ . Me di de alta y colgué un anuncio ofreciendo mis servicios. Contactaron conmigo unas 3 ó 4 personas. La mayoría me ofrecían ser interna, si bien me ahorraría el alquiler, perdería libertad. Asique tuve que rechazarlos. Para mí era muy importante el poder tener toda la libertad, acababa de independizarme y necesitaba tener mi vida, mi espacio...
Yo buscaba trabajar unas horas al día, a ser posible por la tarde.
Un día contactó conmigo una señora, que era madre de 3 hijos. Buscaba a alguien que cuidara a su hijo unas horas por la tarde. Perfecto para mí!...
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